Capítulo 2

By José Playo

Si caímos, fue porque subestimamos Su poder. Los Chatas no eran parecido a nada que hubiéramos visto antes.
Me estoy adelantando.
Mala cosa para un periodista dar por sentado que quienes puedan llegar a leer algún día estas páginas, sepan qué son los Chatas.
Empecemos por el principio.
Cuando llegaron, cuando la primera cosa de esas aterrizó en la explanada de la Plaza de la Intendencia frente a la Municipalidad, creímos que se trataba de una publicidad, una intervención artística para reivindicar el dadaísmo. Yo aposté por una nueva unidad de transporte. Los colectivos, lo sabíamos todos, pasaban cuando querían y presentar unidades nuevas era una forma de mantener contentos a los usuarios.
Los medios cubrieron la noticia. Todo pasó muy rápido; a las nueve de la mañana uno de ellos volteó algunas palmeras en vuelo rasante hasta clavarse sobre las baldosas, de cara a la Municipalidad, y la gente empezó a venir desde todos lados para ver el fenómeno: primero los que estaban en edificios aledaños, después los parientes y amigos de éstos, que fueron oportunamente avisados.
Las noticias insólitas corren como reguero de pólvora y Córdoba es chiquita.
Era chiquita.
Pronto ya no va a ser nada.
No puedo creer todo lo que ha pasado. Ya perdí la cuenta de los días, por primera vez en años, no sé en qué mes estamos.
Desde hace mucho tiempo nos vienen cazando como a ratas, volteando como a pájaros.
Y todo empezó ahí, cuando aterrizó eso, y eso fue…
¡Mierda; no sé bien cuándo!
Sí sé, en cambio, que aquél mediodía, el mediodía de la llegada, la policía estaba tan desconcertada como nosotros, los ciudadanos. Por orden del gobernador se había establecido un vallado y nadie podía pasar. Quienes estuvieron ese día ahí, recuerdan el ruido de los obturadores de las cámaras de fotos que no cesaba.
La curiosidad. Imagino que lo mismo debe haber ocurrido en los otros lugares donde aterrizaron los primeros Chatas. E imagino que, tal y como pasó acá, cuando ese primer Chata se iluminó, todos los televisores estaban transmitiéndolo en exclusiva.
Digo, no debimos ser los únicos en verlo en vivo y en directo.
Lo he conversado con varios de los sobrevivientes. Todos recordamos al policía gordo vestido de comando, con el casco y el escudo, acercándose hasta el hueco azul que tenía ese Chata en particular.
Iba con un puño en alto, el gordo. La provincia entera se había paralizado para ver el culo de un gordo de bigotes que caminaba agachadito hacia la muerte segura, sin saberlo.
En los informativos, sobre la leyenda “El OVNI en vivo”, los conductores habían enmudecido y toda la pantalla era un marco para este culo que se bamboleaba dudoso, avanzando.
Creímos que era una escotilla lo que se había desprendido de la nave para formar un puente con el suelo de nuestra plaza.
Fuimos unos boludos.
Se lo dije a mi mujer por teléfono.
Ese día yo había pedido franco, y hablé con ella apenas escuché lo del OVNI por la radio.
Todavía me cuesta escribir “OVNI” sin sonreír, como si estuviera haciéndole trampas a un lector inexistente.

Una respuesta para “Capítulo 2”

  1. Camilo Dice:

    La cosa toma color, ya veremos.

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